jueves, 21 de febrero de 2019

Capítulo LXIII: El “Telegrama” Zimmermann


Estamos jodidos. Se repetía una y otra vez La Ministro de Magia Hermione Granger, quien apenas unas horas atrás se había enterado de la fuga masiva de Azkaban, liderada por los recién llegados Flammer Actecmer y Hada Delacour y orquestada desde dentro. Su imagen estaría por los suelos una vez que todo saliera en el Profeta. Su carrera se iría a la basura junto a la credibilidad que durante años tardó en construir. Y peor aún, sabía que esta vez por más Harry Potter que saliera a hablar en su defensa, les creerían. Todo estaba jodido y ella lo sabía mejor que nadie. Su cabeza era un mar de angustias y preocupaciones el cual fue interrumpido por la gárgola parlante que le avisó que Harry Potter, Ronald Weasley y Percival Cassez, quien fungía como Jefe del departamento de Misterios. Hermione acomodó su cabello justo unos segundos antes de que la boca aquella gárgola se abriera lo suficiente para que los tres adultos salieran de ella, se saludaron sin decir nada y se sentaron una mesa pequeña. 
—Es curioso. —Dijo Cassez, mirando a su alrededor. —Durante muchos años escuché el mito de esta sala, incluso entre el departamento de misterios, esto es un misterio. Y para ser honesto, odio tener que estar aquí.
—Todos lo odiamos, Percival. —Dijo Hermione, quien seguía tensa y con evidente aspecto de preocupación. —Pero si los he reunido es por algo e incluso tú mismo, me dijiste que tenías información extremadamente preocupante, ¿no es así?
—En efecto. Pero primero hable usted Ministra, pues lo mío es necesario digerirse para no ser tan escandaloso.
—Gracias…—Hermione tomó su varita y comenzó a salir de la punta alguna imágenes. — Hace apenas unas horas, recibimos un llamado de auxilio que venía de Azkaban. Como sabran, Flammer Actecmer y Hada Delacour, los criminales más peligrosos de este siglo y posiblemente, en la historia de Inglaterra, escaparon mediante la utilización de magia y maldiciones. Varios guardias murieron y de los 659 reos que guardaba la prisión, 550 escaparon junto a ellos y lo que es peor, la directora de la prisión, Pansy Parkinson, fue secuestrada pues no se encontró rastro de ella y no se ha puesto en contacto con nadie y tampoco se ha logrado localizar. Estamos haciendo todo lo posible para que no salga a la luz, pero como parte de nuestros principios anti censura, es solo cuestión de tiempo para que comiencen a investigar y todo se de a conocer. Es por eso que los cite aquí; necesitamos tomar acciones rápido, y dado los sucesos, pienso que lo mejor es declarar un Estado de Guerra.
— ¿Un Estado de Guerra? Hermione, eso es una locura. —Protestó Ron en voz algo elevada. — Se perfectamente que son tiempos muy difíciles, pero de eso a pensar que debemos llegar a esos extremos, es muy diferente. Ni siquiera en tiempos de Voldemort el ministerio lo declaró.
—Es cierto, Ron, el ministerio jamás declaró un Estado de Guerra y ve lo que sucedió: Sirius, Cedric, Fred, Tonks, Lupin, Ojo Loco y otros miembros de la orden, muertes que se pudieron evitar si el ministerio hubiera actuado oportunamente.
—Harry, es que esto no es lo mismo que con Voldemort…
—Weasley tiene razón. —Dijo Cassez en voz alta. —Es peor, mucho peor. Desde años seguimos la pista de Actecmer y Delacour para saber sus actividades, la magia que han desarrollado, su pensamiento, alianzas, prácticamente todo lo que nos ponga en desventaja a nosotros, y debo decirles que es más que suficiente para preocuparnos. Sin embargo podríamos haber dejado pasar en alto todo eso, pues aunque era ilegal tampoco era tan grave, sin embargo, hace 45 días fue enviado un mensaje encriptado de tal forma que nos fue casi imposible de descifrar, pues estaba escrito en un sistema muggle bastante complicado. Cuando mis hombres logaron por fin leer el contenido del mensaje, se dieron cuenta que era una invitación que Flammer Actecmer estaba haciendo a Petrov Korkvsky, primer ministro ruso para unirse a su causa, la cual explica a grandes rasgos “La recuperación del mundo para sus dueños reales” y en otro mensaje que también logramos intervenir, invita al Presidente Muggle de los Estados Unidos de América a una reunión personal para “discutir temas de mutuo interés, tanto económico como militar para ambas naciones”. Considerando que el presidente muggle lo mande al diablo, aun debemos preocuparnos de los rusos, pues desde que se firmó el Tratado de Varsovia, no han sido de lo más amigables del mundo, y siendo que les hemos impuestas demasiadas sanciones, estarán interesados en unirse a ellos, sin contar que Flammer les ha prometido recuperarles Ucrania y Siberia, puntos bastante útiles para ellos y que desde nuestra perspectiva de intereses no debemos permiterles tener.
— Entonces, ¿qué haremos? —Harry preguntó mientras miraba fijamente a Hermione, quien estaba analizando parte por parte la información recién dicha.
—Por ahora no es prudente declarar un Estado de Guerra, considerando que tal vez Rusia no sea nuestro aliado. Debemos ser cautelosos con lo que sale en la prensa y lo que no, ahora más que nunca, es cuando se tiene que tener cuidado.
—En ese caso, ministra, permítame hacerle una recomendación: Es sólo cuestión de tiempo antes que se descubra lo que pasó en Azkaban, y una vez que eso salga a la luz, será inevitable que comiencen a ser formuladas preguntas. Y todos los aquí presentes sabemos perfectamente quien es experta en ese asunto de no solo descubrir cosas, sino de volverlas más escandalosa de lo que realmente son.
— Rita Skeeter. —Dijo Harry, quien frunció el ceño, como si recordara ciertas cosas a causa de ese nombre.
—En efecto. Y para ser honestos, una vez que descubra esto, será navidad para ella de tan grave que lo pintara. Eso, junto a que tiene una legión de seguidores estúpidos que creen en todo lo que ella les diga… bueno, tengan por seguro que ahí sí será su fin. Aunque hay gente inteligente que sabe que lo único que ella vende es amarillismo y sensacionalismo, incluso hay varios miembros del Wizengamot que le creen ciegamente.
— ¿Y qué propones? No podemos prohibir que sea publicada. —Dijo Hermione, no del todo convencida.
—Ministra, usted vivió en la Guerra contra Voldemort, sabe perfectamente de que lado se puede poner ella con tal de vender. Y considerando los hechos, en cuanto descubra la fuga y si por alguna razón es arpía se entera de los mensajes interceptados… bueno… desde mi punto de vista y siendo objetivos, lo mejor que podríamos hacer con ella es liquidarla.
— ¿¡Qué!? —Ron y Harry se escandalizaron. Una cosa era neutralizar a un enemigo del Estado en algun operativo y otra era que el mismo Estado propusiera asesinar a alguien por el simple hecho de no congeniar con sus ideas. —¡Eso sí que no! —Gritó Potter. —Eso va contra todo lo que hemos luchado y construido durante tantos años. Es represión en su estado más puro y desde luego Hermione no lo aprobara, ¿verdad? —Hermione estaba callada, pensativa. Su mirada algo perdida.
—Adelante. Desaparezcan hasta su último hueso. —Las palabras de la Ministra penetraron los oídos de Harry y Ron, quienes se quedaron mudos, sin creer lo que acababa de decir. —Y mantengan todo esto en el mayor hermetismo posible. No quiero nada de filtraciones a la prensa. Busquen a Actecmer hasta por debajo de las piedras. Manden espías a Rusia, Alemania, Estados Unidos y a México. No debemos dejar cabos sueltos. Estamos en guerra, aunque nadie más lo sepa.
Hada estaba recostada, tenía un paño húmedo en la frente. Flammer se encontraba a su lado, tomando su mano firmemente. Llevaba ya 2 días con fiebre algo alta. Según había dicho el sanador era normal, pues era parte de los efectos secundarios de la poción abortiva. Sin embargo, tanto Flammer como Marian y Herman se encontraban preocupados. Se encontraban lejos de la civilización, en una pequeña isla del Atlántico Norte, además de estar rodeados de 550 criminales que escaparon con ellos. Si los cálculos eran correctos en tan solo 10 minutos más, la fiebre debía desaparecer y con ello iniciar un ligero sangrado con el cual se iría también el embrión. Estaban todos en silencio. La decisión de realizar el aborto fue un acuerdo entre todos, pues comentaban que no podían arriesgarse en este punto, que un bebé no era factible. Y tanto Flammer como Hada no deseaban hijos de ninguna forma, por lo que secuestraron un sanador de San Mungo y a su familia para que elaborara una poción abortiva de manera correcta. Muchos dirían, años después, que fue una decisión difícil, pero la realidad fue que no, para ellos fue tan simple como decidir entre desayunar hot cakes o waffles.
Habían pasado 2 horas desde que el sangrado se detuvo. Todo había vuelto a normalidad. Estaban platicando los cuatro cuando un pájaro pequeño, de una cola alargada y hermosa entró por la ventana, con una nota enrollada en la pata. Herman la tomó y leyó.
—“Estimado señor Actecmer” que educados son estos rusos. —Sonrió y siguió leyendo. —“después de analizar detenidamente su propuesta, hemos decidido aceptar los términos que nos plantea. Nuestros aliados en Alemania e Italia también han decidido participar. También me es oportuno decirle, que nosotros colaboramos de forma muy estrecha con el gobierno muggle de nuestro país, por lo que están dispuestos a ayudarnos con todo su poder militar (el cual es verdaderamente tenebroso y preocupante pues puede destruir la tierra al menos 5 veces) con la condición de que una vez ganada la guerra, ellos deben hacerse con el dominio de al menos una tercera parte de Estados Unidos y Asía. Sin más por ahora, espero su respuesta.” Bueno, la respuesta llegó tarde, peor lo hizo. ¿Ahora qué? —Preguntó Herman, volviendo a sentarse.
—Ahora, nos toca dejar un pequeño regalo en el callejón Diagon y conseguir 550 varitas nuevas. Nuestros nuevos miembros se impacientan. —Hada hizo un gesto con la mano. Flammer sonrió y junto a Marian, salieron del cuarto y antes de desparecer de la isla, tomaron una bolsa de tela con una enorme A escrita y tomaron rumbo al Callejón Diagon. Desde luego, se habían vuelto tan cínicos que no les importaba si alguien los veía aparecer de la nada. Sin embargo esa ocasión fue diferente, pues entraron con total lujo de fuerza y una magia tan desmedida a las tiendas de varitas, saqueando la mayor cantidad posible y dejando la bolsa que tomaron en la isla tirada frente a Gringotts. Solo fueron necesarias 3 horas para que la prensa se llenara de tres noticias que enloquecieron al mundo mágico y llenaron los principales centros mágicos de protestar: el secuestro, tortura, asesinato y abandono de los restos de la Directora de Azkaban, Pansy Parkinson, la fuga de 550 reos de alta peligrosidad de Azkaban y la desaparición de Rita Skeeter. Fue en ese momento, en esa conferencia de prensa y ante la presión mediatica que recibió el gobierno, que la Ministra Hermione Granger declaró un Estado de Guerra contra la organización terrorista liderada por Flammer Actecmer, Hada Delacour, Herman DuMort y Marian
Targaryan, considerados por el gobierno, como la amenaza más peligrosa desde los días de Voldemort.

martes, 14 de agosto de 2018

Capítulo LXII: Más allá de la muerte.


Flammer sintió su espalda romperse, su cuello y piernas no sufrieron mejor suerte al estrellarse contra las piedras del acantilado. Su cuerpo quedó destrozado, un charco de sangre quedó bajo de él y su mente se nubló. Sabía que su cuerpo acaba de sufrir un daño irreparable, que lo hubiera matado sin más, pero él sabía que aún estaba ahí, tenía la certeza, aunque ya no pudiera sentir nada.
—¡Mierda!—Exclamó el guardia que lo vio caer y destrozarse contra las rocas. —Bueno, el gran Flammer Actcemer se ha ido. Ahora veremos si la otra zorra tiene mejor suerte que este pobre desgraciado. —El centinela dio media vuelta y regresó por donde vino, dejando el cadáver hasta el fondo del acantilado.
Dos guardias empujaron a Hada por un lugar similar a donde Flammer murió. Cayó un par de metros pero en lugar de tocar estrepitosamente las rocas, se plantó con delicadeza en el suelo, viendo con una sonrisa burlona a sus verdugos.
— ¿Pero qué mierda? —Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más, como si un rayo se hubiera elevado del suelo a la tierra, una mole golpeó a los dos, dejándolos inconscientes. Hada desplegó sus dos enormes alas doradas y voló un par de metros, donde encontró el cadáver de Flammer ensangrentado.
—Oh, cariño… —Se lamentó la chica durante un breve periodo de tiempo, sacando de entre las harapientas ropas una varita desgastada y que desde luego, no era la suya. Con un movimiento circular hizo que una nube negra se materializara, la cual se convirtió en polvo poco a poco cubriendo el cuerpo sin vida de Flammer. De un momento a otro, el cadáver abrió los ojos y dio una bocanada de aire, mientras Hada lo envolvía en una especie de fuego verde que poco a poco comenzó a curar sus heridad hasta dejarlo ileso.
—Debo admitir. —Dijo Flammer, levantándose lentamente. —Que cuando hice esta práctica en un animal, no pensé que funcionara con un humano, o mas bien, no creí que fuera a funcionar siendo un pedazo de alma, producto de un horrocrux.
—Nadie lo creyó, y de hecho lo hice como último recurso después de escuchar que serías asesinado. Pero basta de hablar. Debes continuar el plan.
—Entonces adelante. —Flammer volteó hacía arriba, de donde cayó hasta el borde del patio de la prisión. — ¿Conseguiste una varita para mi? No quiero arriesgarme a ejecutar magia más poderosa de lo que soy capaz y ahora si morir. —Hada lo observó, lanzándole una varita similar a la suya. —Bueno, peor es nada, vamos. —Ambos apuntaron al cielo y con un enorme chorro de agua se impulsaron hacía el cielo, volviendo a caer en la plataforma de donde habían sido arrojados solo unos segundos antes, siendo observados por guardias atónitos que estaban ahí, incrédulos. Flammer y Hada lanzaron maldiciones asesinas certeras a cada uno de los centinelas presentes, dejándolos tendidos en el piso. Caminaron lentamente por los pasillos, mientras los prisioneros los observaban con temor y asombrados. Siguiendo su paso lento, observaron a todos y cada uno de los internos ahí mismo.
— ¿Ves? Cuando te dije que los muggles nos llevaban una ventaja respecto a los sistemas de comunicación inmediata que usan no te mentía. Ellos habrían sabido al instante lo que pasó afuera, por el contrario, ahora deberán esperar a que averiguen que fue el problema cuando salgan y lo vean. Tenemos mucho tiempo de ventaja. —Dijo Flammer, observando a Hada de reojo, mientras apuntaba a cada prisionero que pasaba. —Ahora, yo iré a buscar a Parkinson y tú libera a esta gente. Tengo cuentas que arreglar con esa pera.
—No debes matarla por ningún motivo, recuerda. No deben saber que estamos dispuestos a asesinarlos y por el contrario, deben saber que podemos llegar a ser más crueles de lo que piensan. Bien lo decía Dumbledore “hay destinos peor que la muerte”.
—Descuida, de hecho quiero hacer que mande un mensaje personalmente al ministerio. —Flammer sonrió y comenzó a correr en dirección contraria a donde iba Hada. Caminó un par de pasillos y subió unas cuantas escaleras por toda la fortaleza hasta que llegó a una especie de torre, en la cual había dos guardias que sin poder siquiera meter las manos fueron abatidos. La puerta que cuidaban se abrió con un estrepitoso golpe y en dirección contraria, siendo lanzada directo a Flammer quien la convirtió en un montón de astillas que regresaron hacía su origen. La señora directora, con un ágil movimiento convirtió esos trozos de madera en pequeños proyectiles en llamas, los cuales pegaron ante la pared detrás de Flammer, quien con un movimiento de varita tan rápido, hizo que estos se desviaran e impactaran detrás y sin detenerse siguió su camino hasta Parkinson. Quien continuó atacando pero cada vez de forma más inútil y antes de que pudiera hacer algo más, Flammer hizo que quedara inconsciente, cargándola sobre el hombro y regresando por donde llegó. Al regresar, observó que Hada había liberado a todos los reos que habían y que estos se encontraban en paz, tranquilos y algo nerviosos.
—Muy bien, damas y caballeros. Es hora de irnos. Un barco nos espera en el embarcadero. Todos en orden y paz.
Unas horas después, en una casa de seguridad en algún punto del océano Atlántico norte, Flammer, Hada, Marian y Herman se encontraban sentados frente a las bravas olas del océano, las cuales chocaban de forma violenta contras las rocas.
—Eres un maldito hijo de puta, Flammer. —Dijo Herman, mientras daba un sorbo a una cerveza de mantequilla. —De verdad un maldito cínico. ¡Un genio! ¿Cómo sabías que iba a funcionar ese plan demencial?
—Nunca lo supe. —Sonrió Flammer, mientras bebía whisky. —De verdad ni siquiera me pasó por la cabeza que de verdad funcionaria. Era apostar un todo o nada. Era lanzarme al vacío, literalmente. Jamás me esperé que ese hechizo funcionara.
—Imagina yo, imbécil. —Dijo Hada, quien también tenía cerveza de mantequilla. —Ni siquiera me hice la idea de poder revivirte. El hechizo sonaba tan básico y sin ser magia suficientemente oscura para lograrlo.
—Pero funcionó, y no moriremos durante mucho tiempo. Nuestra memoria perdurará durante años. —Marian estaba observando a todos, con una sonrisa fresca y que no se le había visto en mucho tiempo.
La mañana siguiente, el profeta no había reportado nada en lo absoluto. Nadie sabía nada, solamente quienes organizaron el ataque. Y las victimas, entre ellas Parsy Parkinson, quien en ese momento estaba sentada, frente a un Flammer tranquilo pero con sus predilectos artefactos muggles de tortura.
—Quiero saber, directora, ¿por qué a Hada Delacour no intentó matarla? ¿Acaso le debe un favor a ella o algo por el estilo?
—No, no le debo nada ni ella a mi. Es por ley. Si el ministerio superia que maté a una gestante, yo perdería todo lo que he construido. —Flammer, quien escuchaba a Parkinson, dejó caer un instrumento de metal al piso, algo que jamas había pasado. — ¿Así que no lo sabías? —Dijo la mujer cautiva. 

viernes, 2 de marzo de 2018

Capitulo LXI; La ciudad de las murallas.


La estadia en Azkaban, aun cuando ya había sido reformada para que fuera mucho más humana, seguía siendo un tormento, y tanto Flammer como Hada lo vivieron en carne propia, pues una de las tantas leyes no escritas dentro de la fortaleza, era que los presos de máxima seguridad como lo eran los dos nuevos llegados, debían ser custodiados día y noche por un dementor. Aunque este no atravesaba los gruesos barrotes que los dividían entre el pobre infortunado y aquella bestia, aún se sentía su espectral frío y la desesperación que este infundía sobre los reclusos. Sin contar que crueldad de la directora era tal, que solo les permitía a todos por igual estar 3 horas en el patio por semana. Así que los primeros días de la joven pareja fueron tormentosos. Hada pasaba sus noches gritando entre sueños, siendo visitada por sus recuerdos más horribles y desgarradores, los insultos de su madre, la ausencia de un padre, el sentimiento de soledad que la atormentó cuando estuvo lejos de sus amigos y todo pesar que vivió cuando era más pequeña. A Flammer, por su parte, el sentimiento de pobreza y soledad que vivian muy arraigados en su mente eran presentes, y al igual que a su amiga, los recuerdos de la ausencia de su familia, la desesperación de cuando vivió en el orfanato Muggle, y mas recientemente, los tormentosos recuerdos de cuando creó su primer horrocrux, que si bien no le daba remordimiento, el revivir el hechizo necesario le era suficiente tortura. Apenas habían pasado un par de días y sus recuerdos felices estaban cada vez colándose más rapídamente de entre sus dedos como el agua. Sin embargo ambos, antes de entrar, leyeron en la biografía de Harry Potter, que contó como Sirius Black había logrado sobrevivir a los dementores “Me atormentaban, pero me salvé de perder la cordura pues sabía que era inocente” y eso mismo hicieron ellos. Con la cabeza alta recordaban todos los momentos de dicha que pasaron, el que no había nada que los atara ahí de por vida y que el que salieran era solo cuestión de tiempo. Así fue como lograron sobrellevar sus primeros días. Cuando los dementores dejaron de ser problema mayor (cuando finalizó la guerra, aun se veían demacrados por su efecto, así que jamás dejaron de serlo) las ladillas y piojos fueron lo que se dio paso. La desesperación era tanta que no podían dormir de noche, lo que daba como resultado un frágil equilibrio mental. Pero cuando llegó el día de poder estar en la superficie, todo cambió, para bien o mal, lo hizo.
Era jueves por la mañana, todos fueron levantados con fríos chorros de agua a las 7 de la mañana. Media hora más tarde fueron llevados a desayunar una masa de harina y agua y posteriormente, a las 8 del día, cuando el frio y la lluvia eran insoportables, fueron lanzados al patio central, donde todos los reclusos se reunían por igual. Ahí había grupos muy notorios, como en toda prisión. Había un enorme número de antiguos mortifagos, entre ellos también figuraban mucho ex miembros del ministerio de magia que apoyaron el régimen de Tom Riddle. También estaban delincuentes mágicos de poca notoriedad, estafadores, ladrones, usurpadores y demás miserias, entre ellos un ya muy viejo Mundungus Fletcher. También estaban magos extranjeros capturados en Inglaterra y para la cereza del pastel, se encontraban aquellos a quien la justicia no hizo caso, se les podría considerar presos políticos que habían desafiado un falso régimen democrático encabezado por Hermione Granger y Harry Potter. Y desde una alta torre de vigilancia, estaba la directora, Pansy Parkinson, observando que todo estuviera en orden junto a varios guardias. Flammer observaba la torre, cuando vio a una andrajosa e irreconocible Hada, cuyo cabello rojo estaba más brillante que nunca.  
—Sabes. —Dijo Flammer, abrazando a la chica con una profunda tranquilidad. —Si no fuera porque sé que todo esto es pasajero, estaría llorando de desesperación.
—Tranquilo… te entiendo a la perfección. Esta semana ha sido la peor de toda mi vida, jamás pensé pasar por un tormento tan horrible.
—Bueno, ya pasará, no hay mal que duré 100 años. Por ello debemos acabar con el suyo antes de ese tiempo. —el muchacho señaló a los demás reclusos quienes comenzabas a observalos.
—Sabes, se me ocurrió una idea, una excelente para llamar la atención y lograr hacernos notar, ¿me sigues?
—Por supuesto, sabes que no hay dudas de que hacemos lo correcto. —Flammer sonrió y Hada se alejó de él, con camino a una mujer bajita, de cabello muy sucio y una enorme cara de sapo.
—Disculpe la incomodidad. —Dijo Hada, mientras Dolores Umbridge la volteaba a ver. — ¿Es usted la Madam Subsecretaria?
—Veo que sabes reconocer a alguien de altísimo nivel solo con verlo, ¿verdad que aun tengo mi porte y por ello sabes quien soy?
—Oh, para nada. De hecho se ve como el muggle más arruinado, realmente la reconocí porque en su mirada y sus recuerdos aún se logra apareciar la experiencia más traumática de su vida. —Dolores abrió los ojos como platos, asustada e inmóvil por completo.
—No tengo idea de que hablas, querida. Yo no tengo nada que esconder.
— ¿Segura? Porque sus ojos no ocultan el miedo que siente a los hibridos… específicamente centauros… ¿la golpearon, secuestraron? ¡No! La violaron, por Merlin, eso fue. —Hada la observaba mientras Umbridge estaba pálida, pero esto comenzaba a llamar la atención de otros antiguos miembros.
— ¿Quién eres y que le dices a Umbridge? —Rookwood se acercó rápidamente, de forma imponente poniéndose entre la antigua Madam Subsecretaria y la chica pelirroja.
— ¿Quién soy? Vaya que uno de los prinicapales tormentos de este lugar es que no les permiten tener contacto con el mundo exterior y aun más horrible que ni siquiera les avisan quienes son los nuevos y bajo que delito llegan. —Contestó la chica, plantada ahí y sin moverse.
—En las prisiones muggle —Flammer comenzó a hablar, mientras caminaba hacia donde estaba Rookwood y los demás, haciendo que muchas miradas, incluyendo la de la directora y varios guardias, se voltearan a él. —es algo muy común que cuando llega alguien, los mismos guardias digan que delitos cometieron. Por ejemplo, cuando un violador llega, los centinelas avisan y su primer noche los dejan en celdas donde hay otros acusados por el mismo crimen, ¿y saben que les pasa? Bueno, no hay que ser un genio para averiguarlo.
—Entonces lárguense a vivir con los muggles si tanto les gusta el como hacen las cosas. Aquí solo hay magos respetables.
—¡Oh! ¿Pero es que no lo saben? —Dijo Hada en una suave y dulce voz, como si reprendiera a un puñado de niños pequeños. —Magos y muggles ahora conviven de forma pacífica. Sean vuelto aliados unos de otros para lograr un rápido y armonioso progreso en pro de la humanidad.
— ¡Mientes! —Gritó Dolores, quien comenzaba a perder su juicio. —Y las mentiras son algo repugnante.
—No, señora Subsecretaria. —Dijo Flammer, parándose al lado de Hada. —No mentimos. De hecho ella y yo orquestamos la caída del Estatuto Internacional del Secreto, ¡y ni siquiera se dio cuenta el ministerio! Los muggle ahora caminan con nosotros, comen con nosotros, nosotros vamos a sus centros y antes de llegar aquí, se ofreció que un grupo de personas sin magia conociera el Callejón Diagon. —Flammer se calló, mientras cientos de murmullos de todos los prisioneros se hacían eco uno a otros.
—Entonces ahora más que nunca el objetivo del Señor Tenebrosa se ha visto acabado. ­—Dijo la voz de un hombre entre la multitud, con total desaliento.
—No. —Afirmó de manera muy firme Hada, dando de un par de pasos atrás junto a Flam. —Magos y brujas, el sueño de Lord Voldemort no ha muerto, como tampoco lo hizo nunca el de Gallert Grindelwald y mucho menos ahora, el de Flammer Actecmer y Hada Sophia Delacour. Nosotros estamos aquí por una razón…
— ¡Sí! La de callarse y obedecer únicamente. —Panky Parkinson se acercaba a paso firme a la multitud, seguida de 5 magos con varitas en lo alto y 3 dementores al final. — ¡Se acabó la hora de patio! Todos a su celda si no quieren que se les de el beso del dementor. Menos ustedes dos. —Dijo señalando a Flammer y Hada, seguido de una seña de que la siguieran y apenas dieron un paso adelante, un guardia los pateó. La siguieron por un largo y húmedo pasillo seguido de unas largas escaleras hasta llegar a la torre norte de la fortaleza, precisamente hasta el final donde se encontraba un despacho bastante bien iluminado, cálido y muy bien adornado. Parkinson se sentó y ordenó a los guardias y dementores que esperaran afuera. Cerró la puerta y lanzó un par de hechizos a esta.
—No crean que no sé quiénes son. —La directora hizo aparecer una taza de café de la cual comenzó a beber. —Debo confesar que desde que los oí mencionar por primera vez no supe si sentir asco o admiración. Una híbrido, un sangre pura criado entre muggles, otro sangre limpia y una chica de rastros desconocidos. Oh sí, Hada y Flammer, conozco bien a sus amigos y ustedes. Primero los tomé como criminales baratos, de poca monta. Despreciables desechos de la sociedad mágica, basura por no decir mas. Pero después llegó las noticias de su actuar en México, ¿podría ser que estuvieran en búsqueda de conocimiento más allá de nuestras fronteras? Me pareció una posibilidad, y más por haber acabado casi en su totalidad con una antigua familia mágica. Y fue ahí cuando investigué más sobre los Hillers y los Actecmer. Pero no logré encontrar relación, y lo de San Mungo solo me hizo sentir más asco y repudio hacia ustedes. Y no se diga lo de la Fortaleza Gris. Pensé que solo eran alborotadores muy peligrosos y fuertes. Y después llega lo del Estatuto del Secreto. Fue ahí cuando entendí que ustedes buscaban algo más que riqueza… ¿Dominación sobre ambos mundos? Podría ser, pero tomaron una vía diferente, sutil y peligrosa; lo dejaron a manos de políticos. Que si bien ustedes son quienes manejaban los hilos, jamás se debe descartar que estos se enreden. Pero les salió bien. Y bueno, ahora están aquí, queriendo reclutar antiguos mortifagos. Un plan excelente, con la única falla que no se los permitiré.
—¿Y bueno, acaso le pedimos permiso? —Dijo Flammer de forma irónica.
—No, desde luego que no. Sin embargo, dudo que alguien muerto y la otra sin alma lo logren. —Con un movimiento de varita hizo que la puerta se abriera dejando pasar 3 guardias. —Ustedes 2, el señor Actecmer tendrá un accidente en el patio C, cayó al mar, justo donde están las rocas… Ya saben que hacer. Y la señorita Delacour sufrió del Beso de forma accidental. —Los guardias entraron y arrastraron a Hada y a Flammer.
—Te veré del otro lado, Hada. —Flammer le sonrió y la chica igual. Los llevaron por caminos diferentes. A Flammer lo condujeron por más pasillos hasta que llegaron a un pequeño patio, donde no había protección para caídas.
—Bueno, Flammer Actecmer —Dijo uno de los guardias. —Hasta aquí llega tu historia y la de tu amiga. Me habría encantado ser parte de tus filas, pero bueno, alguien más llegará. —E       l guardia le dio la vuelta, lo miró a los ojos y lo lanzó al vacio.